HIR IXTAPA CASA MUY BIEN CON TODO

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Les había bastado el sol tiñendo de color el cielo, para enamorarse, pero exigieron mucho más de Ixtapa cuando su boda los llevó de regreso al hotel en que se habían conocido, apenas unos meses atrás. Estaba empezando el año y aquella propiedad en cuestión había dejado de ser un hotel Presidente para convertirse en un Holiday Inn Resort (HIR), cuya primera ventaja era la de tenerlo todo incluido, incluso, el asesoramiento de un grupo de expertos que bajo la filosofía del programa Bride Ideas acompañó a los novios hasta el día en que tomaron el vuelo de regreso a la Ciudad de México. Sí, ahí estaba, impecable, la arenosa alfombra que a diario lava y tiende el mar. Ni qué decir del reluciente reflejo de ese espejo ondeante. Pero a su lado también lucían arreglos florales de llamativos colores, improvisadas farolas y cuatro letras níveas, de tamaño considerable, que formaban la palabra love.

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La mantelería y cristalería muy bien puestas a un costado de tan breve y claro mensaje, entre el mar y la pista de baile, anunciaban a los invitados al festejo lo que seguía a la ceremonia cívico-religiosa que hizo de Mariana y Joel un nuevo matrimonio. Una variada coctelería, una barra de postres, además de pantallas, luces, baile y fiesta sucedieron a esa cena bajo las estrellas que dejó a los convidados muy satisfechos y listos para tomar posesión de sus confortables habitaciones. Son alrededor de 420 cuartos con el sello inconfundible y confortable de la almohada y el colchón, que son un valor agregado exclusivamente diseñado para los hoteles de esta marca. Al día siguiente, para las familias, el disfrute continuó a pleno sol, convenientemente entre una alberca y un cinturón de agua que se extendía a través del resort, en paralelo al mar.

Los papás disfrutaban del pool bar; los jóvenes y adolescentes del Internet inalámbrico gratuito; los amantes del turismo cultural de exclusivas artesanías expuestas en la tienda de souvenirs; los más pequeños, de las actividades del Chiquiclub; y los abuelos, de la comida con vista al Pacífico, cómodamente instalados en la terraza de la propiedad. Y quedaban restaurantes todavía por saborear, menús temáticos, tardes de bingo, espectáculos de teatro y noches mexicanas; tours en bicicleta, avistamiento de tortugas, liberaciones y mucho más en este hotel que parecía consentir a todos por tenerlo todo incluido.

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