El término microdiscriminación fue acuñado en los años 70 por Mary Rowe catedrática del MIT de Estados Unidos, cuando estudiaba los patrones de discriminación en las universidades americanas.

La microdiscriminación, no quiere decir que sea una discriminación “menor” o “sin importancia” al contrario, la razón del término es porque está compuesta de gestos, palabras, acciones u omisiones, que pasan a diario, en cualquier lugar y que denotan desaprobación y minusvaloración.

Ejemplo de esto puede ser desde una mirada de desaprobación a una persona; un comentario “al aire” denotando menosprecio; evitar dar la mano o saludar directamente a una persona.

Olvidar copiar a alguien en un email en un grupo u omitirlo en la entrega de equipo o kits de trabajo; hacer comentarios o preguntas inadecuadas obstaculizando la entrada o participación de la persona en el evento, entre muchos otros.

Este tipo de discriminación puede también transmitirse en una frase, utilizando un término inadecuado, una mirada o falta de contacto visual, expresiones faciales que en muchos casos pasan inconscientemente por la mente de las personas, pero que hacen daño, lastiman a las personas y sobre todo influye en la percepción de la persona o marca, de quien la recibe.

Ahora imagina los congresos, convenciones, viajes de incentivo, exposiciones, conciertos, bodas y cualquier otro evento masivo ¿cuántas veces puede pasar esto?

Miles de veces, incluso varias veces en un mismo evento… y puede originarlo una persona cuya forma de vestir no es la habitual, su color de piel, su género u orientación sexual, nacionalidad, religión o simplemente filosofía de vida.

Lamentablemente, algunas personas se acostumbran a recibirlas, pero nuevos estudios indican que las nuevas generaciones, partiendo de los millennials encuentran esta práctica como “intencional y destructiva” y cada vez más están levantando la voz en contra de ella.

Incluso las personas de la generación Z, nacidos entre el año 1995 y el 2005, evitan adquirir, consumir o invertir en eventos, marcas y personas que sostienen este tipo de prácticas.

Estas nuevas generaciones están empujando cambios importantes en la industria de eventos como lo son, los baños familiares, baños unisex, respeto en el uso de pronombres personales así como en la expresión de género.

Han hecho posible, que muchas asociaciones, empresas, corporativos, sedes de eventos y empresas MICE construyan y adopten las Políticas y prácticas de conducta, inclusión y respeto, para cada una de sus empresas.

Las políticas antidiscriminación ciertamente son el primer bastión de defensa contra estas prácticas y la normalización de la diversidad e inclusión en nuestras organizaciones y de nuestros clientes, pero también lo es la capacitación de todo nuestro personal, pero sobre todo los de primera línea, esos que van a tener contacto físico, telefónico e incluso virtual con nuestros asistentes y clientes.

La industria de la hospitalidad y MICE debe ser una industria segura para todas las personas, tanto para clientes, proveedores,  como para sus empleados y asociados.

Pero para eso debe vacunarse contra estas prácticas a través de la capacitación y de adoptar medidas y procedimientos que le permitan ofrecer un ambiente seguro a todas las personas en todo momento, es tiempo de cambiar nuestras industria hacia la inclusión y la diversidad.

Más información visite: https://dagyirivera.com

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