El cambio climático es un hecho, todos queremos hacer algo y no sabemos por dónde empezar ¿separar la basura? pero ¿qué hacemos con ella?

Organizamos un evento con la intención ecológica pero no tenemos las herramientas para elegir los elementos adecuados que lo garanticen.

¿Qué tanto podemos disfrutar de un evento, si siendo conscientes del impacto negativo que estamos generando, no actuamos?

Acaso ¿podemos ejercer como profesionales si no consideramos lo que dejamos atrás, o aún peor, sin importarnos la trascendencia de nuestras acciones para los que nos sucedan?

Si durante un evento no incluimos, integramos, compensamos ni mitigamos, y actuamos solamente para satisfacer una necesidad concreta del presente, sin considerar la viabilidad del mismo en un futuro:

¿Cómo podemos planificar en forma sostenida una actividad, poniendo el foco a corto plazo y descuidando el mañana?

La conciencia social nos fue llevando poco a poco a transitar distintos escalones en busca de una mejor calidad de vida y de una sociedad más evolucionada.

Creíamos hace unos años por ejemplo, que una bolsa de plástico arrojada al ambiente era más una cuestión de higiene que ambiental.

Es inviable hoy, concebir una actividad humana que implique algún grado de exclusión, maltrato o indiferencia hacia personas o sectores vulnerables, actitud que años atrás no se tenía en cuenta pero que la opinión pública ya no deja pasar por alto.

El medio ambiente también es vulnerable a nuestras acciones civilizadas, por lo que su cuidado depende de un cambio de hábitos y paradigmas.

Dejar todo ordenado, limpio y compensado

Tal cual reza el ambientalismo en sus distintas formas y bibliografías, incluso el “Laudato Si” la encíclica del Papa Francisco: nuestro hábitat es la Tierra, nuestro gran hogar.

Entendiendo este concepto, es inadmisible que seamos desprolijos y descuidados con nuestra casa grande.

Así como preparamos la mesa para nuestras familias y disfrutamos de una cálida cena, recogemos los utensilios al terminar, limpiamos, acomodamos y recuperamos lo que volveremos a usar, lo mismo debería suceder en cada evento que participemos u organicemos, porque estamos inmersos en él, en el gran hogar, la casa de todos, el planeta Tierra.

Capacitarse para no improvisar

A menudo participamos en eventos donde se hace alguna mención sobre el medio ambiente, y claro está, el propósito es solo tranquilizar nuestras conciencias, o pintarse de color verde la cara.

Se procede entonces, googleando o copiando desde internet, a plantar un árbol para tener “la foto” verde del evento, o se entrega merchandising elaborado con derivados del petróleo con mensajes ecológicos, o bolsas diferenciadas para los asistentes, y un solo cesto común de residuos para todos a la salida del lugar.

En fin, pequeños esfuerzos empíricos que reflejan la falta de profesionalismo a la hora de mitigar el impacto ambiental de una actividad y falta de responsabilidad por parte de los organizadores.

Una acción totalmente opuesta de la que se pretendía inicialmente al abrir Google.

El profesionalismo verde se alcanza, como todo en la vida, mediante la capacitación, la certificación de procesos y con el aval de sellos y organizaciones que lo respalden.

El futuro de los eventos

La experiencia capitalizada, el esmero de los profesionales y la demanda de un mercado cada vez más exigente, competitivo pero a su vez mas requerido en sus consideraciones socio/ambientales, lleva a que los organizadores de eventos busquen su valor agregado en la capacitación y herramientas competitivas.

Por esto y por todo lo antedicho, sean pequeños o magnificentes, los eventos se están haciendo cada vez más “verdes” con una consideración bien marcada en el respeto y el cuidado de nuestro planeta.

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