No tengo duda que esta crisis sanitaria cambiará permanentemente nuestra forma de relacionarnos con el mundo, la forma en que desempeñamos nuestro trabajo, la forma en que nos comunicamos y por supuesto la forma en que viajamos y nos reunimos. 

Sin embargo, considero que los que pertenecemos a la industria de reuniones contamos con particularidades que pueden ayudar a nuestras sociedades a delinear lo que le denominan la nueva realidad de manera positiva y transformacional.  

Considero que este es el mejor momento para enfatizar y convencer a líderes de los sectores público, privado, social y académico del valor que trae nuestro sector a la mesa de la recuperación colectiva.

Para ello y como referencia, les diré que el “Joint Meetings Industry Council” a través de su proyecto “The Iceberg” recién publicó un “Manifiesto” que deja muy en claro los argumentos (que no son nuevos pero muy oportunos) que demuestran la utilidad de nuestra industria para sortear esta compleja circunstancia que nos tocó vivir.

Estoy consciente de que, en este momento, no es recomendable reunirse con muchas personas en un lugar determinado, incluso en algunos países o ciudades está literalmente prohibido. 

Sin embargo, debemos de defender el hecho de que las reuniones se desarrollan en un ambiente altamente controlado, con estrictas medidas de seguridad sanitaria establecidas.

Debido a la naturaleza altamente estructurada, los congresos o convenciones, así como las instalaciones en donde se llevan a cabo, incorporan un esquema mucho más seguro de convenir en relación con otras formas de asamblea pública.

En la mayoría de los casos, los participantes son pre registrados y los organizadores cuentan con muchas opciones para comunicarse con ellos antes, durante y después de un evento.

Además, los administradores de recintos han hecho un gran esfuerzo para que existan estándares rigurosos para asegurar un mucho mejor cumplimiento de los protocolos consensuados comparado con lo que sucedería en un entorno de público general u otras manifestaciones tales como conciertos o eventos deportivos.

Por otro lado, a través de las reuniones, se facilitan los ejercicios de renovación, creatividad y “reinvención” que cada sector requerirá durante esta etapa, con este carácter multisectorial que define a nuestra actividad.

La transversalidad con que operan los diferentes tipos de reuniones y con el que se abordan los contenidos, permitirán a cada sector económico, académico o científico impulsar su activación con el concurso de tan variadas perspectivas como sea posible.

Dichos clústeres requerirán diversificar sus mercados y modelos de negocio debido, sobre todo, a la interrupción de las cadenas de suministro y la contracción de capacidad de consumo: y las reuniones facilitan los intercambios que conducen a nuevas relaciones y actividades comerciales.

Adicionalmente, las reuniones pueden ser útiles como laboratorios de diversas políticas públicas, pues pueden ejecutarse diversos experimentos para probar modelos, en un entorno seguro y contenido antes de que se implementen más generalmente.

La pandemia ha despertado un apetito general por lo sustentable y nuestra industria lo arropa hace años pues la liga que hay con cada uno de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) de la ONU es muy evidente.  

Desde el punto de vista social, el legado de los eventos en las comunidades receptoras es demostrable, la importación de conocimientos, los programas de responsabilidad social y la atracción de talento son ingredientes que, en estos tiempos, en que el cliente busca destinos regenerados, se convierten en beneficios colaterales muy apreciables.

Es cierto que la digitalización de los negocios se aceleró con las circunstancias actuales y que la conversión de reuniones presenciales en virtuales o híbridas (en el mejor de los casos) será irreversible.

En este tema también los profesionales de esta industria están respondiendo ágilmente capacitándose y equipándose para cumplir los objetivos de sus clientes.

Esto significa que los posibles impactos de un evento pueden extenderse a una audiencia global, con proporcionalmente mayor imagen y beneficios heredados para la comunidad anfitriona a través de lo que el mundo digital potenciado ofrece.

Desde el punto de vista de la psicología individual post pandemia, las reuniones serán el mecanismo más eficiente para restaurar las relaciones y generar la confianza reparando las muchas desconexiones que habrán resultado del aislamiento y distanciamiento social durante esta pausa del destino.

La forma de interactuar y de hacer negocios será seguramente muy diferente, incorporando elementos de la economía de la experiencia que está reemplazando modelos más antiguos y rígidos.

Los eventos acompañarán la recuperación fungiendo como agentes de cambio y transformación asegurando una forma más progresiva de actividad económica, educativa e incluso de simple interrelación (networking).

He dejado al final dos temas, que no por evidentes resultan menos importantes, que son la capacidad de los eventos por atraer un visitante de mayor gasto promedio a los destinos y la enorme posibilidad que ofrecen las reuniones para ayudar a mejorar la reputación de las ciudades sede, ahora que la confianza se ha vuelto la moneda de cambio más cotizada.  

Referencia: JMIC (Joint Meetings Industry Council) https://www.the-iceberg.org/wp-content/uploads/2020/07/JMIC_Industry-Manifesto.pdf

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